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SERIE: El impacto de la pandemia por Covid-19 en las tasas mundiales de orfandad (I)

Primera parte del informe especial sobre un reciente estudio que señala que la orfandad asociada a la COVID-19 y la pérdida de cuidadores se han convertido en importantes problemas mundiales.


El estudio se denomina “Estimaciones mínimas mundiales, regionales y nacionales de niños afectados por la orfandad asociada a la COVID-19 y la muerte del cuidador, por edad y circunstancias familiares hasta el 31 de octubre de 2021: un estudio de modelado actualizado” y fue publicado en la sección “salud del niño y del adolescente” de la revista científica The Lancet.

CONSIDERACIONES INICIALES

En su introducción el artículo científico expone que desde el primer informe de EE.UU. en febrero de 2021, los estudios de modelos estimaron que, a nivel mundial, más de 1,5 millones de niños habían perdido a un padre o cuidador para abril de 2021.

También se han identificado disparidades raciales y étnicas en la orfandad en EE. UU. Para los niños, las posibles consecuencias de la pérdida de los padres o cuidadores son devastadoras y duraderas, e incluyen la institucionalización, el abuso, los problemas de salud mental, el embarazo adolescente y las enfermedades crónicas e infecciosas.

Los investigadores señalaron que debido a tales consecuencias en la epidemia de VIH/SIDA, el multimillonario Plan de Emergencia del presidente norteamericano para el Alivio del SIDA (PEPFAR, por sus siglas en inglés) proporciona el 10 % de los fondos bilaterales para apoyar a los niños huérfanos y vulnerables, apoyando así su aplicación generalizada en la pandemia de Covid-19.

A medida que aumentan las tasas de orfandad asociada al sars-cov-2, una respuesta de emergencia basada en evidencia se vuelve cada vez más urgente a juicio de los científicos.

EVIDENCIA ANTES DE ESTE ESTUDIO

EL equipo de investigadores buscaron en al menos siete sitios de ciencia artículos de investigación publicados entre el 1 de enero de 2020 y el 30 de noviembre de 2021, y encontró dos publicaciones que examinaron las estimaciones nacionales y una que estimó el número global de niños que han experimentado la orfandad o la muerte de un cuidador debido a Covid-19.

De allí establecieron que la nueva evidencia de la pandemia de Covid-19 y la evidencia pasada de epidemias anteriores, incluido el VIH/SIDA, la enfermedad por el virus del Ébola y la pandemia de influenza de 1918, indican que un gran número de niños se vieron afectados por la orfandad o la muerte de sus cuidadores. La evidencia relacionada con las muertes y la orfandad asociadas con COVID-19 se está acumulando a un ritmo acelerado.

VALOR AÑADIDO DE ESTE ESTUDIO

Los expertos afirman que este nuevo análisis modelado actualiza las estimaciones globales anteriores con datos de mortalidad de 21 países, y ajusta las estimaciones sobre la magnitud de los niños que experimentan la muerte de un padre, abuelo con custodia o abuelo o pariente conviviente debido a la pandemia de Covid-19.

Con estas nuevas estimaciones para el período de estudio del 1 de marzo de 2021 al 31 de octubre de 2021, se encontró que durante los 20 meses de la pandemia hasta el final de ese período, más de 5,2 millones de niños experimentaron la muerte de un primario. o cuidador secundario.

En ese tiempo, se reportaron 50 millones de muertes por Covid-19 a nivel mundial. La progresión de la orfandad asociada a la pandemia y la muerte de los cuidadores ha continuado acelerándose a nivel mundial, y la cantidad de niños afectados aumentó en un 90 por ciento del 30 de abril al 31 de octubre de 2021.

El estudio también encuentra que, a nivel mundial, una mayor proporción de adolescentes, de 10 a 17 años, han experimentado la muerte de los padres o cuidadores, en relación con los niños de edades más jóvenes y también encontró que en la mayoría de los países, la muerte de un padre ha ocurrido con mayor frecuencia que la muerte de una madre.

Para los investigadores las muertes paternas y maternas aumentan los riesgos de violencia física, emocional y sexual, problemas de salud mental y dificultades económicas familiares, y la muerte de un padre o una madre puede afectar a los niños de manera diferente.

IMPLICACIONES DE TODA LA EVIDENCIA DISPONIBLE

En el trabajo se destaca que se necesitan con urgencia implementaciones nacionales y globales de respuestas basadas en evidencia a la pandemia de COVID-19 dentro de un marco que aborde de manera integral los efectos de primer y segundo orden de la enfermedad.

Así mismo se subraya que las respuestas efectivas son clave y deben combinar el acceso equitativo a la vacuna con programas basados en evidencia para niños en duelo, adaptados a la carga, la ubicación, la edad y las circunstancias de la pérdida.

Con este estudio se propone integrar la atención a la niñez en todo plan nacional de respuesta al Covid-19 siendo un enfoque que incluye tres componentes que son prevenir la muerte de los cuidadores acelerando la distribución equitativa de la vacuna contra el COVID-19, preparar a las familias para que estén seguras y sean cariñosas, y proteger a los niños huérfanos utilizando estrategias basadas en evidencia que aborden sus mayores riesgos de pobreza, adversidad infantil y violencia, y fortalezcan su recuperación.

RESPUESTA URGENTE

Los investigadores destacaron que a medida que esta pandemia de rápida evolución avanza con nuevas variantes, ubicaciones cambiantes, disparidades en las vacunas y nuevos datos, una respuesta adecuada para los niños dependerá de la caracterización epidemiológica de la orfandad y la muerte del cuidador asociadas con la COVID-19, por tiempo, persona y lugar.

Además apuntaron a que los datos sobre cambios a lo largo del tiempo entre regiones y naciones ayudarán a priorizar las respuestas pero se requieren datos sobre las tasas de orfandad por grupo de edad y las circunstancias de la orfandad materna o paterna para implementar intervenciones basadas en evidencia apropiadas para el desarrollo.

Finalmente, recomendaron una comprensión por región y nación de la carga y los aumentos repentinos de la orfandad y la muerte del cuidador, lo cual ayudará a los gobiernos y socios para el desarrollo a centrar las inversiones en los niños con mayor riesgo, en los lugares más afectados.

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